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Literatura comparada en “La hora de José Mota”

Enero 23rd, 2012

Es viernes noche y ahí está La Blasa, ese ser casi indescriptible, arremetiendo contra algún personaje conocido en el programa de Televisión Española “La hora de José Mota”. Aunque es casi “indescriptible” la describiré para quienes no la conozcan: gafas de culo de vaso con esparadrapo y una de las lentes ahumada, pañuelo negro, falda, cara de suspicaz, voz desagradable y cuerpo escurrido. Esta noche la ha emprendido contra la actriz Emma Thompson (Gema Tomasa, la llama, en su particular aplicación de la adaptación “transcultural”). La acusa de plagio y de fingirse inglesa pese a ser natural de Camuñas, Toledo. Según la anciana (en rigor, según José Mota vestido de La Blasa), la actriz “inglesa” aprovechó un descuido para robar el guión de lo que luego sería “Sentido y sensibilidad”, por cuya interpretación se llevaría un óscar.

La escena tiene ese punto hilarante de los despropósitos de este programa: aunque la propuesta es muy exagerada, reconocemos el personaje (el cliché) de la parroquiana, viuda (pañuelo negro), aburrida, maledicente y que cree sabérselas todas. Nos hace gracia porque aunque es un disparate (Blasa también sostiene haber sido plagiada por Stephen Hawkins y muchos más) no deja de ser una parodia de cierto tipo de gente que va por el mundo como víctima real o imaginaria de plagios y robos intelectuales a la mínima oportunidad (o en clave más cotidiana va quitándole méritos a los demás, quejándose de amiguismos, injusticias y demás en su oficina). Y porque no deja de ser una reinvidicación del ingenio patrio: de acuerdo, es improbable que Hawkins haya plagiado a esta lugareña tan peculiar, pero ¿y si hubiera plagiado a un científico menos conocido? ¿Nos enteraríamos?

Doña Blasa es una especie de Robin Hood intelectual del ingenio manchego: vale que el imperio habla inglés, pero yo os acuso de plagio y encima os cambio el nombre (siempre buscando el que suena peor, por otra parte). También se podría ver como un personaje quijotesco que “desface” entuertos de propiedad intelectual, aunque en realidad parece más bien que ella misma es un “entuerto” con patas.

Al contrario de lo que ocurre en otras ocasiones, esta vez el ser indescriptible se enfrenta a Emma Thompson en carne y hueso. Y el cliché made in Spain y la actriz inglesa interactúan ante las cámaras, como si pertenecieran al mismo nivel o plano de realidad. El sketch (las intervenciones de ambos) obedece a un guión escrito por el equipo de Mota y está bien resuelto, pero viéndolo, además de la gracia física de percibir el contraste entre dos “mujeres” tan distintas, no he dejado de preguntarme qué pasaría por la cabeza de Emma Thompson al empezar la escena y ver a ese “ser indescriptible” vestido de negro. Seguro que le habrían explicado que se trataba de un programa de humor, que el personaje de La Blasa es así y asao, pero en cualquier caso las parroquianas inglesas de la Pérfida profunda son muy distintas a las de la España profunda, y la afición por los pañuelos negros resulta incomprensible para un inglés medio (e incluso para muchos jóvenes urbanos españoles actuales) y ése y otros muchos matices verbales, gestuales y demás son difícilmente traducibles.

Los subtítulos del video insertado son bastante correctos, aunque pierden necesariamente matices. Por ejemplo, cuando dicen “random commercial” para indicar que el discurso del tipo que sostiene la olla es una especie de anuncio digresivo no señalan que los boquerones con jengibre que menciona el tipo son una referencia a platos extraños ingleses que se mencionaban mucho en las novelas de la británica Enid Blyton, por ejemplo. Es decir, que sí hay una vinculación con lo inglés y el anuncio no es totalmente “random”.

Por más correctos que puedan ser los subtítulos, el espectador que no conozca la cultura rural española no le encontrará ningún sentido (ni sensibilidad) a este sketch, ni a la mayoría del contenido de “La hora de José Mota”.

En todo caso, el sketch tuvo su gracia y Emma Thompson/Gema Tomasa demostró el sentido del humor y el grado de “enrollamiento” que se espera en alguien que a) es inglés y b) está promocionando su película en España (supongo) y realmente se podría haber titulado “Encuentros en la tercera fase” porque tenía mucho de escena marciana.

Conversaciones librescas

Enero 12th, 2012

Hay una conexión secreta entre los libros. Como si conversaran entre sí o sus caminos se cruzaran en algún lugar de un subsuelo libresco imaginario, tipo cuadro de Escher o relato de Borges. En ocasiones sucede que un autor ha digerido a otro a quien leyó hace mucho tiempo y otras simplemente parece que bebieran de las mismas fuentes.

Introduction “How You Stand, How You Move, How You Live”, Missy Vineyard. Da Capo Press; 2007; Cambridge; Massachusets. (pag 1; Libro sobre la Técnica Alexander).

“There is a poster of Michael Jordan on the wall in my teaching room that I like to show my students. Jordan is four feet off the ground, suspended in the air halfway between the foul line from which he has departed and the basket toward which he is aiming and soon to dunk the ball. He is as close to a human bird as I have seen –a massive, four-limbed bird in improbable flight. There are many striking aspects to this picture: Jordan’s height in the air; the distance he has travelled and has yet to travel, airborne, en route to the basket; his strong, upright torso. Most astonishing is the expression on his face. It is apparent that his mind is not focused on his body. He is not feeling what his legs are doing, checking out where his arms are going, or wondering where he will land. His mind is focused on the basket as every part of his body fulfils his purpose in easy and fluid coordination, following the direction of his mind’s intent.
“Wow! How does he do that?” my students ask in a tone of wonder. The next question is spoken slowly, with a distant note of self-reproach: “Why can’t I do that?” (…)

Introduction “On Writing Well- The Classic Guide to Writing Nonfiction”; William Zinsser (Harper Collins; Nueva York; primera edición 1976; edición empleada 2006, con motivo del 30 aniversario de la primera; pp IX-X).

“One of the pictures hanging in my office in mid-Manhattan is a photograph of the writer E.B. White. It was taken by Jill Krementz when White was 77 years old, at his home in North Brooklin, Maine. A white-haired man is sitting on a plain wooden bench at a plain wooden table –three boards nailed to four legs- in a small boathouse. The window is open to a view across the water. White is typing on a manual typewriter, and the only other objects are an ashtray and a nail keg. The keg, I don’t have to be told, is his wastebasket.
Many people from many corners of my life –writers and aspiring writers, students and former students – have seen that picture. They come to talk through a writing problem or to catch me up on their lives. But usually it doesn’t take more than a few minutes for their eye to be drawn to the old man sitting at the typewriter. What gets their attention is the simplicity of the process. White has everything he needs: a writing implement, a piece of paper, and a receptacle for all the sentences that didn’t come out the way he wanted them to.
Since then writing has gone electronic. Computers have replaced the typewriter, the delete key has replaced the wastebasket, and various other keys insert, move and rearrange whole chunks of text. But nothing has replaced the writer. He or she is still stuck with the same old job of saying something that other people will want to read. That’s the point of the photograph, and it’s still the point -30 years later- of this book”.

Teniendo en cuenta que el libro de Zinsser ha vendido más de un millón de ejemplares en Estados Unidos, que se publicó por primera vez en 1976 y que el texto de Vineyard se editó en 2007 es muy posible que Vineyard hubiera leído el libro de Zinsser y se le hubiera quedado en la recámara el recurso de empezar el ensayo con un detalle personal y al mismo tiempo visual y didáctico. Hay decenas de libros que arrancan con una imagen así (supongo), pero la coincidencia me ha hecho gracia.

En ambos casos, empezar el libro con una foto y concretamente con esa es una buena elección: la imagen tiene viveza, convoca a la emoción y detalla los elementos clave de lo que se enseña en el libro: en un caso la relación cuerpo mente y en el otro la escritura. En otras palabras, supone una puerta a lo que se va a encontrar el lector a nivel intelectual y afectivo.

Qué ereader me compro

Diciembre 28th, 2011

Parece que este año va a ser definitivamente el de los ereader, a juzgar por el despliegue publicitario y las consultas de usuarios sobre lectores de ebook. Y a la hora de comprar uno no sabe por dónde empezar. Este artículo pretende aclarar las ideas a los no iniciados.

Regalo navideño... ¿será un lector de ebook?

Regalo navideño… ¿será un lector de libros digitales?

El factor fundamental a la hora de elegir un dispositivo u otro son las características del usuario. No necesita el mismo ereader alguien que lee muchos libros técnicos, llenos de gráficos, que alguien que lee básicamente novela en español. Tampoco es lo mismo alguien que quiera un dispositivo para leer cómic y revistas que un estudioso que busque un instrumento que le permita tomar notas, subrayar y recuperar fácilmente esa información.
También influye si sueles comprar títulos en inglés (o cualquier idioma que no sea español) o si mayoritaria o únicamente lees en español. Por ejemplo, si lees mucho en inglés te resultará muy útil tener un Kindle de Amazon y si lees en español la opción de comprarte un Tagus de Casa del libro te puede resultar tentadora porque con él te resultaría muy fácil encontrar libros y comprarlos en un clic. Pero el Tagus no es un buen dispositivo (como no lo es tampoco su primo de la Fnac Bq 2, ni el Inves de El Corte Inglés) porque es lento, falla mucho y se ve mal y además se trata de un ereader “cerrado”, asociado a una plataforma, lo que implica algunas limitaciones.

En líneas generales, para un lector medio no especializado lo más importante de un ereader es que la lectura resulte cómoda (lo más parecida a la experiencia lectora en libro impreso), que la batería dure, que cargue los libros rápido y pase las páginas a buen ritmo, que admita los formatos más habituales, que pese poco y que tenga un precio ajustado. Además, debería dejarte marcar páginas, subrayar, tomar notas y no viene mal que tenga incorporado uno o varios diccionarios. También resulta útil que disponga de WiFi.

En otras palabras, para usuarios que básicamente quieran leer novela o ensayo “sencillo” (sin gráficos complejos y que no requieran tomar muchas notas) me parece que lo más aconsejable es un lector de 6 pulgadas, con tinta electrónica y pantalla no táctil (las táctiles tienen reflejos que terminan cansando la vista y consumen más batería) y sin teclado físico (para que no te quite espacio de lectura ni incremente el peso).
En principio, para gente que lea mucho y mayoritariamente libros comprados (por tanto, con algún tipo de protección antipirateo o DRM; Digital Rights Management) mi recomendación sería un Kindle 4 (99€).

Kindle 4 con uno de sus salvapantallas

Kindle 4 con uno de sus salvapantallas

Es muy fácil de usar y muy fiable y la relación calidad/precio es inmejorable, aunque tiene dos características bastante enojosas que conviene tener en cuenta.
La primera es que por ahora sólo admite archivos “.mobi” y “azw.”, por más que la ficha técnica explique que acepta otros (“through conversion” parece que decía el folleto del Kindle 3, qué cachondos). Los PDF los muestra, o bien muy pequeños, o bien, si aplicas zoom, descuadrados (con lo que tienes que estar haciendo scroll todo el tiempo y es incomodísimo). En otras palabras, de poco sirve que admita PDF si no se ven bien (en realidad los PDF transforma automáticamente en PCR por lo que he visto; Por otra parte, los PDF dan problemas en general a la hora de visualizarse en la mayoría de los dispositivos porque al adaptar el tamaño o reescalar aparecen particiones de palabras incorrectas y cosas parecidas. En cualquier caso, una cosa es ver palabras incorrectamente partidas y otra es dejarte los ojos o volverte loca dándole al scroll para ver la página).

Salvapantallas de ereader de Amazon con tintero y pluma

Los salvapantallas del Kindle 4 son muy curiosos, por una parte, se esfuerzan por inscribirse en la tradición de la escritura y los libros escritos y por otra parecen destinados a sacarle el máximo partido a la gama de grises del dispositivo

La limitación de formatos de Kindle (o de cualquier ereader) se soluciona en parte con un programa gratuito llamado Calibre que permite hacer conversiones e incluso organizar tu biblioteca digital. Yo tuve problemas al descargármelo y por ahora no lo he llegado a usar, pero todo el mundo (léase blogueros del sector y comentaristas de los foros) dice que está muy bien y que es muy sencillo.

Además, para libros sin protección DRM también puedes mandar un email a Amazon con el archivo en cuestión y “Convert” en el Asunto y te lo devuelven convertido a un formato compatible de forma gratuita. El pequeño problema es que casi todos los libros que compres llevarán DRM (que es una protección antipirateo incluida en casi todos los ebook que se comercializan). Y que todo este trajín de conversiones lleva tiempo y energía y tú lo que querías era leer tranquilamente y no hacerte un máster acelerado de extensiones compatibles y programas de conversión.
La otra enojosa característica es que comprarse un Kindle con Wifi puede producir cierta sensación de haber metido en casa a un infiltrado de Amazon. La diferencia entre dispositivos “abiertos” y “cerrados” es importante. Los lectores cerrados son aquellos vinculados a una plataforma de compra y por tanto también a un tipo de formato concreto. Amazon puede vender su e-reader a 99 euros en España porque sus beneficios no están en el aparato, sino en los muchos libros de su plataforma que espera colocarle al usuario. Es como el caso de los móviles con las operadoras telefónicas: te llevas un terminal más barato a cambio de un compromiso de permanencia (la permanencia en el caso de Amazon es más sutil). De hecho, en el caso de la tableta Kindle Fire se habla incluso de que el PVP ni siquiera cubre el costo; en realidad es una sucripción al contenido multimedia de Amazon más que una tableta.

Kindle presumiendo de escala de grises

Kindle presumiendo de escala de grises
Es un planteamiento muy lógico. Si yo tengo un ereader en el que se lee estupendamente y con el que me conecto mediante WiFi al catálogo de Amazon y me descargo en un minuto una muestra gratuita para ver si me gusta y en otro minuto más me lo puedo comprar haciendo un solo clic y empezar a leer inmediatamente es muy probable que le compre muchos libros a Jeff Bezos, especialmente teniendo en cuenta que los libros en inglés de Amazon son significativamente más baratos que los que se venden en España (en ese sentido yo estoy encantada con mi Kindle; me facilita mucho la elección de títulos y su compra y me ahorro el transporte; el sistema de recomendación está muy bien y los comentarios de los lectores dan colorcillo y crean comunidad; eso sí, tanta facilidad de compra contribuye a mi “libropatía). Esto por una parte.
Por la otra, lo normal es que los usuarios o lectores queramos ampliar nuestra biblioteca digital con títulos de otras tiendas, con pdf de trabajo, con ePub (el formato más usado por las editoriales de libros electrónicos) o incluso con documentos Word, y en ese caso nos fastidiará mucho que el navegador antediluviano del Kindle (que ellos llaman Experimental) no me deje acceder a ellas o acceda a una velocidad desesperante y sobre todo que el dispositivo sólo lea bien archivos en formato mobi y azw. (Los navegadores de los ereader, por lo que he visto, suelen tender a lo antediluviano; digamos que navegar no es hoy por hoy la prioridad, aunque es normal que se incluyan enlaces “rápidos” a Wikipedia, Google y sitios así).

Salvapantallas de máquina de escribir

En otras palabras, el Kindle 4 es una magnífica opción para usuarios que piensen dedicarlo a leer mayoritariamente títulos comprados a Amazon o a quienes no les importe dedicar tiempo a convertir cada archivo “foráneo” que quieran leer, vía Calibre o mandando un email a Amazon.

Cuando decía que Kindle es como un caballo de Troya o un infiltrado permanente de Amazon en tu vida cotidiana me refería a cosas como que hace dos años esta empresa retiró dos novelas de George Orwell de las bibliotecas virtuales de miles de usuarios sin pedir permiso, con nocturnidad y alevosía, al descubrir que el editor carecía de los derechos de autor para publicarlos. . Eso sí, devolvieron el dinero del libro, pero a los usuarios les molestó mucho darse cuenta de que Amazon se considera con derecho a manipular sus bibliotecas virtuales y que de hecho tiene la opción de hacerlo. Este incidente suscitó la duda de si los ebook comprados a Amazon los tenemos en régimen de alquiler o si somos sus propietarios. Para completar este artículo hace un par de días le planteé la duda a Amazon.es y me contestaron que los libros por los que he pagado son míos y que además los van a almacenar en sus servidores (por si yo pierdo mi Kindle, se entiende). (La pregunta la plantée el 24 de diciembre, día de Nochebuena, y al poco rato me contestaron; el servicio de atención al cliente funciona bastante bien en general).

Sin embargo, para gente que lea mucho pero no muchísimo y a la que este factor “caballo de Troya” le inquiete especialmente en lugar del Kindle le recomendaría el Sony PRS T-1, un dispositivo muy parecido al de Amazon pero superior en muchos aspectos, aunque resulta más caro (199€ es su PVP normal, aunque hay ofertas por 179€). Tiene 6 pulgadas, admite más formatos, permite reproducir mp3 sin DRM (es decir, oír música, o audiolibros sin protección antipirateo), incorpora 12 diccionarios y cuenta con pantalla táctil (de visibilidad mejorada, según dicen, pero en cualquier caso menos cómoda que la de Kindle; como comentaba antes, hoy por hoy las pantallas táctiles siguen cansando más que las no lo son, porque producen reflejos), y permite funciones como poder subrayar y tomar notas con Stylus (una especie de lápiz). Y además es un dispositivo “abierto”, no vinculado todavía a una plataforma de libros (digo “todavía” porque tratándose de Sony, que produce contenidos audiovisuales, es posible que en el futuro sí lo esté). Para verlo “en acción” pincha en este enlace a un video de Youtube.

Lector de ebook en su contexto natural

Lector de ebook en su contexto natural
Aunque este ereader incluye conexión a Googlebooks para facilitar la descarga de sus libros no está concebido como una ventana comercial de un solo fabricante como ocurre con el dispositivo de Amazon y otros. Para usuarios acostumbrados a smartphones y tabletas, cualquier ereader con pantalla táctil al principio les va a resultar más cómoda: yo en los primeros días con mi Kindle 4 tenía la tentación de agrandar la letra tocando la pantalla o de pasar la página haciendo lo mismo. Pero si lees mucho (en tu ereader, en tu pantalla de ordenador, documentos en papel en el trabajo, libros en papel) es importante contar con el dispositivo que menos fatiga te vaya a proporcionar y de momento, hasta donde yo sé, es el Kindle 4.

En cualquier caso, como me recordaban el otro día en un improvisado chat en Twitter unos compañeros del sector editorial y de la tecnología (@sinerrata, @bydiox, @undivaga, @eduo, @SolOske el hecho de que un dispositivo como el de Sony sea abierto no libra al usuario del engorro que supone manejar archivos con DRM (el de Adobe es especialmente engorroso). Es decir, a la hora de leer en tu Sony ebooks en formato ePub que estén protegidos con DRM (es decir la mayoría de los comprados) poco importa que tu ereader sea abierto o cerrado… Por otra parte, a la hora de gestionar archivos protegidos con DRM el Sony T1 sólo admite ePub y PDF, lo que significa que tampoco es tan amplia su oferta…

Por tanto, si lo que quieres es un lector abierto, que no te vincule demasiado a una plataforma y que admita varios tipos de formatos y funciones (opción de anotar y subrayar con Stylus, ampliar el tamaño con los dedos y demás) Sony sería la opción más clara, aunque cuesta 100€ más que el Kindle. Tiene un diseño más atractivo que el Kindle y hay colores para elegir, incluye 12 diccionarios y en general es menos “ortopédico” que el Kindle (para tomar notas, por ejemplo, tienes que activar el teclado virtual e ir avanzando sobre él letra a letra con el cursor; resulta aparatoso).
Si básicamente quieres leer libros comprados y hacerlo muy cómodamente, con una interface muy sencilla y sin cansar nada la vista, el Kindle (el ereader más vendido del mundo) es tu opción.

Tomando un té y leyendo un libro

¿Qué tal un té y un poco de lectura?

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Casa del Libro y Fnac
Los ereader de Casa del Libro y Fnac me parecen poco aconsejables porque están vinculados a plataformas de venta y porque el dispositivo en sí es el Bq de Movistar en una versión renovada, y no es un buen lector (da fallos, es lento, no permite subrayar, cansa más la vista que el Kindle). Los lectores de Casa del Libro y Fnac son parecidísimos, porque se trata del mismo dispositivo (tienen el mismo hardware, varía la interface). Lo estuve probando en la Casa del Libro de Fuencarral el otro día y ni punto de comparación con el Kindle (se colgaba, aparecían rayas… el navegador muy lento también y desde luego se lee peor). Eso sí, admite bastantes formatos.

Aspecto de Tagus de Casa del Libro

Dispositivo Tagus, de la Casa del Libro. Tiene un formato más cuadrado que el Kindle pero el mismo tamaño

Creo que la mediocridad de los dispositivos de Casa del Libro eclipsa las ventajas que aporta el Tagus para los lectores españoles: por más que puedas comprar un montón de libros en español con un solo click, que sea baratito (119€ y si lo compras antes del 31/12 te regalan el último premio Planeta) y que incluya el diccionario de la RAE y uno de inglés, y que tenga opciones de lectura social (que te sea fácil comentar el libro que estás leyendo con otros lectores o compartir citas o conocer otras opiniones antes de comprar) lo fundamental es que el lector falle poco y funcione bien. La parte social la puedes hacer desde tu ordenador sin problemas.

Los Papyre resultan atractivos sobre el papel y además admiten muchos formatos, pero he visto en unos foros que tienen tendencia a escacharrarse y que el servicio de posventa es malo porque en realidad son dispositivos Hanlin “reetiquetados” como Papyre. Tampoco se lee demasiado bien en condiciones de mucho sol.. Por cierto, el otro día vi un Papyre nuevo precioso en el VIPS. Parece una tableta ultrafina pero se va mucho de precio. Se llama Alex y es un híbrido entre ereader y tableta. Tiene muy buena pinta pero cuesta 299€).
El Bq Cervantes también resultaba atractivo (sencillo y funcional), aunque volvemos a tener el problema de poca fiabilidad de los Bq: en general dan bastantes fallos, son lentos y se suelen estropear.

Para leer comic o revistas la mejor opción es un Ipad o cualquier buena tableta un poco grande.

Para profundizar en algún aspecto concreto:

  • Sobre DRM y tipos de pantallas
  • Sobre formatos de Amazon Kindle
  • Curiosidad sobre cómo cambiar de un formato a otro
  • (ve a comentario de Cyclope, con Control + F).

  • Recorrido en perspectiva sobre ereaders
  • *******NOTA DE HUMOR***********
    Buscando imágenes del Sony PRS-T1 para ilustrar el artículo he encontrado bastantes videos en Youtube. Uno de ellos contiene una comparativa entre tres ereader (Kindle 3, Pocketbook 602 y Sony PRS-T1) que me ha gustado por dos cosas. La primera es que por contraste convierte este artículo en un texto de lo más ameno y de una claridad meridiana ;-)
    La segunda razón es que las explicaciones de la señora casada (lleva un anillo) de acento extraño pero comprensible (parece alemán pero no estoy segura; las “r” son perfectamente americanas) activando tres cacharros a la vez y soltando comentarios cuasi incomprensibles recuerdan un poco a Tip y Coll explicando cómo se debe beber un vaso de agua o a un número circense de los Hermanos Marx en versión tecnológica.
    Creo que la intención de la señora que responde al nombre de “The3onna” es ver cuál de los tres dispositivos tarda menos en cargar los PDF y en pasar las hojas pero con tanto movimiento (con la izquierda, con la derecha, ahora sin manos) y con el verbo premioso de la dama me pierdo… Mira qué te parece y me cuentas tu impresión en un comentario. De hecho creo que esta mujer no ha oído nunca decir eso de “Las comparaciones son odiosas” y por el contrario se ha lanzado a comparar dispositivos en una serie de videos que puedes ver aquí. ¿De qué país será? ¿Trabajará en una tienda de electrónica? ¿será maestra de escuela? Me tiene fascinada…

    Mentores en la sociedad del 2.0

    Diciembre 27th, 2011

    Leyendo el reportaje de “Código único” (por dios, qué nombre más feo para un suplemento semanal) titulado “Mentores y discípulos del siglo XXI” de Eva Millet, que trata sobre una iniciativa de Rolex e incluye a bailarines, artistas visuales, escritores, músicos, cineastas y dramaturgos en un esquema de “mentoring”, en el que un artista maduro comparte su saber con otro emergente, me ha surgido una serie de preguntas.
    Pero antes de entrar en ellas, dado que el artículo no está disponible online para enlazarlo (o al menos yo no lo he podido encontrar) resumamos qué figuras aparecen: Trisha Brown (coreógrafa) y Lee Serle (bailarín y coreógrafo); Hans Magnus Enzensberger (filósofo, ensayista) y Tracy K. Smith (poeta, profesora en la universidad de Stanford); Anish Kapoor (pintor, escultor) y Nicholas Hlobo (artista visual); Brian Eno (músico y productor musical) y Ben Frost (músico y compositor); Zhang Yimou (director de cine) y Annemarie Jacir (directora de cine).
    La figura del mentor tiene una larga trayectoria, y así, por ejemplo, según cuenta Eva Millet en el artículo Aristóteles fue mentor de Alejandro y de Platón; Paul Bowles asesoró a William Burroughs y a Allen Gingsberg.
    En la sociedad actual un mentor viene a ser un guía, consejero o preceptor de otro y el concepto por tanto implica un matiz unidireccional y jerárquico de la relación o proceso de “mentoring” que desentona en esta sociedad contemporánea basada en la participación y las relaciones horizontales, y que hace que varios de los mentores se desmarquen del enfoque profesor emisor unidireccional (Sellars habla de una experiencia “a dos bandas” y Kapour la describe como un diálogo, Enzensberger destaca que su discípula le ha ayudado mucho a comprender la sociedad norteamericana).
    Este interesante reportaje me ha hecho preguntarme qué mentor me gustaría tener, a qué tipo de discípulo le podría yo ayudar u orientar y sobre todo si es posible que en realidad en esta fase de mi vida no necesite mentores ni discípulos sino simplemente ponerme a explorar y trabajar.
    En cualquier caso, me parece muy interesante pensar qué parte del talento y la destreza se puede enseñar o aprender y estudiar qué formas serían más eficaces a la hora de transmitir esos saberes.

    Datos complementarios

    La Iniciativa Artística de Rolex para Mentores y discípulos lleva 10 años en marcha y comprende seis áreas: teatro, literatura, cine, danza, música y artes visuales. El objetivo es brindarle al discípulo una experiencia de un año que culmine con una obra creativa realizada por el artista joven bajo la orientación de su mentor. A lo largo de ese año ambos pasan al menos seis semanas juntos compartiendo experiencias y conocimientos. Los alumnos “becados” reciben 25.000 dólares más una bolsa para gastos de viajes y demás, mientras que los mentores por su parte reciben 50.000 dólares y eligen al discípulo entre tres finalistas. En la década que lleva vigente la iniciativa han participado Alvaro Siza, David Hockney, Martin Scorsese, Stephen Frears, Mario Vargas Llosa, Toni Morrison, Wole Soyinka, Youssou N´Dour. para la edición del año que viene se buscan discípulos para Margaret Atwood y Gilberto Gil. Los discípulos no se postulan a sí mismos sino que son propuestos por un comité y posteriormente hay que superar una serie de selecciones.

    Cuaderno de lecturas: escritura, velocidades y hemisferios cerebrales

    Diciembre 25th, 2011

    Soy una lectora caótica en impulso y bastante analítica en el proceso. Tiendo a leer muchos libros a la vez, especialmente si son de no ficción, porque todas las ideas que encierran me motivan (con las novelas es un poco distinto: nunca me siento inclinada a leer tantas a la vez; las historias piden cierta exclusividad/fidelidad; por otra parte llevo un par de años o más mucho más interesada por el ensayo que por la narrativa) pero ese entusiasmo y esa urgencia inicial no me impiden leerlos en profundidad y con capacidad analítica (o eso espero).

    Suelo leer por áreas temáticas. Tengo mis rachas: un mes me apetece mucho psicología y me zambullo en los tipos psicológicos de Brystol-Myers y sus revisores (”¿De qué tipo soy?” Renee Baron); y comunicación no verbal y libros sobre fuerza de voluntad (“Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength” de Baumaster y Tierney) y estilos afectivos (“The five love languages” de Gary Chapman) o Daniel Kahneman (“Thinking, Slow and Fast”), mientras que otro mes lo que me atrae intensamente es la reeducación postural, el fitness, yoga y técnicas de relajación y otro me apetece muchísimo escritura creativa y me sumerjo en libros sobre el argumento y el personaje, títulos con consejos sobre cómo escribir y demás.

    Releyendo el párrafo anterior se me ha ocurrido que es difícil establecer si simplemente me atrae un tema ese mes y un libro lleva a otro y el otro al siguiente, a veces vía recomendaciones de Amazon y otras a través de las propias recomendaciones del autor del libro 1. En realidad todo parece una gran conversación con ecos sobre diversas paredes que hacen resonar la voz con un matiz ligeramente distinto. (Y la relación entre los ecos muchas veces no es lineal, por ejemplo, mi última oleada de lecturas sobre psicología la motivó la lectura de “Plot versus Character” (o Argumento frente a personaje, un libro sobre cómo escribir ficción) de Jeff Gerke; en la parte de construcción de psicología del personaje recomienda un par de libros sobre tipos psicológicos que he comprado y que engarzan con otras lecturas previas mías sobre el tema, trazando como una especie de mapa de reverberaciones con recovecos inesperados hacia la derecha y la izquierda).

    Y esto me lleva a otra pregunta, el hecho de que haya un único efecto eco o veintitrés (que me quede contenta con dos libros sobre un tema o me sienta impulsada a leer mucho más), ¿de qué depende más, del interés intrínseco que tiene para mí ese tema, o de las recomendaciones de lectura del primer libro o del contenido de “Lectores que han comprado este libro también han considerado interesantes…” en Amazon? ¿o de cómo me haya levantado esa mañana de la cama? Supongo que todo influye pero que es realmente difícil determinar en qué medida.

    Con frecuencia me digo a mí misma (habla el hemisferio izquierdo) que este dejarse llevar por el entusiasmo lector y comprar y empezar a leer varios libros a la vez no es una metodología demasiado buena, porque algunos títulos quedan a medio leer en la mesilla o el Kindle (y esto me produce cierta desazón y cierta sensación de no estar haciéndolo como se supone que lo debo hacer) y porque posiblemente lecturas más reposadas, tomando notas y dejando posar lo leído, tendrían mejores resultados (en términos de cerebro izquierdo; a mi cerebro derecho le encanta “picotear”), pero esta metodología mía tiene una ventaja muy buena o en realidad dos.

    Por una parte, te permite encontrar -en realidad, propiciar- “coincidencias” afortunadas, como por ejemplo descubrir que el libro “The 90-Day Novel. Unlock the Story Within” de Alan Watt que estás leyendo ahora aplica algo sobre lo que has estado leyendo hace dos días en el libro de Kahneman “Thinking, Slow and Fast”. Kahneman sostiene que hay dos formas básicas de pensar, una intuitiva y rápida y otra lenta y analítica; la primera correspondería grosso modo al hemisferio izquierdo (en realidad a una parte de él, supongo) y la otra, lenta, sería la que nos permite hacer cosas como cálculos complicados y que hace disminuir nuestra energía y nos hace dilatar las pupilas.
    Pues bien, el escritor y profesor de escritura creativa Alan Watt sostiene que si le damos a nuestra mente rápida (el subconsciente, el hemisferio derecho) la oportunidad de trabajar a sus anchas durante el tiempo suficiente es mucho más factible escribir una novela (o llevar a buen término cualquier tarea creativa complicada) y que el inconsciente nos transportará y nos garantizará que encontramos un buen conflicto en términos narrativos y un buen tema en términos de contenido a nivel personal. Y una gran satisfacción, sobre todo.

    Lo que viene a contar Watt (con un apellido tan energético no me extraña que el tipo tenga fuerza para dar y tomar) es que el Storytelling (contar historias, la imaginación, la creatividad) se basa en el hemisferio derecho y que el típico perfeccionismo o capacidad de análisis del escritor sólo sirve para coartarlo. El perfeccionismo o el pulido debe llegar cuando todo el borrador esté puesto por escrito, es decir el “slow thinking” de Kahneman debería estar calladito hasta que el primer borrador tome cuerpo, porque la mente analítica tiene dos características muy molestas: tiende a censurar todo aquello que no satisface su exigente criterio (para eso le pagan, por otra parte) y consume mucha energía.

    Explicado en términos sencillos el “fast thinking” viene a ser el procesador mental que traemos por defecto los humanos, rápido y perfectamente funcional en muchas situaciones (la mayoría si no he entendido mal) y el “slow thinking” sería como un programa compensador, una especie de antivirus destinado a revisar procesos más complejos y determinar si son correctos o no. O mejor, una especie de auditor interno que trabaja lento, lo pone todo un poco patas arriba para investigar y termina presentándonos algunas conclusiones interesantes pero con un coste en tiempo, energía y recursos considerable.

    Las coincidencias en mis lecturas no terminan aquí, pero por algún lugar hay que cortar. Seguiremos informando.

    No me chilles que no te veo o el poder de la palabra

    Noviembre 16th, 2011

    La otra tarde estaba leyendo un pasaje sobre lenguaje transformacional en el que el doctor Alonso Puig explica que las palabras abren cajones emocionales y que es muy importante seleccionar bien las palabras a las que nos exponemos para no crear estados emocionales adversos, cuando de repente en la radio empezó a sonar la canción de Siniestro Total “Y bailaré sobre tu tumba…”.
    No sé cómo llamar a la coincidencia en el tiempo de ambas cosas, disonancia cognitiva o ironía del destino, pero lo cierto es que aquel anticlímax me dio bastante miedito… Es lo que tiene oir Rock and Gol. Seguro que escuchando Kiss FM no me hubiera pasado.

    Concretamente el libro era “Reinventarse” de Mario Alonso Puig.
    Aquí se puede ver la canción en directo grabada al parecer en el Aguanbabulubabalambambú de Manolo Tena.

    Confesiones de Jackie Kennedy: varios libros en uno

    Noviembre 6th, 2011

    El libro Jacqueline Kennedy. Conversaciones históricas sobre mi vida con John F. Kennedy, recientemente publicado en español y de cuya traducción soy responsable, recoge unas conversaciones de la viuda de Kennedy con Arthur Schlesinger, historiador y asesor de JFK, cuyas grabaciones habían permanecido selladas durante décadas.

    Confesiones de Jackie Kennedy

    Al cumplirse los 50 años del mandato de JFK su hija Caroline ha decidido sacarlas a la luz. En las conversaciones se tratan las aspiraciones políticas de Kennedy, los primeros años de casados, los hábitos de lectura del presidente, su carácter, sus héroes de la infancia, cómo era la vida en la Casa Blanca y cómo se vivieron desde dentro la revolución cubana o Bahía Cochinos.
    Para saber más del libro, pincha aquí.

    Contexto para el relato sobre Steve Jobs

    Noviembre 6th, 2011

    Proponíamos hace poco escribir una historia partiendo del famoso “Oh, guau; oh guau” de Steve Jobs. Aventurar qué pudo llevarle a proferir semejantes palabras de asombro. He aquí un poco de contexto. Los últimos días en el hospital, el gurú de la tecnología y el diseño estuvo dándole vueltas a un nuevo Ipad para enfermos, se negó a que le pusieran mascarilla de oxígeno porque estas tenían un diseño espantoso e hizo un cásting de enfermeros… Además de eso se disculpó ante su hermana Mona Simpson por no poder “envejecer juntos” como habían “planeado”

    ¡Oh, guau!, dijo Steve Jobs

    Noviembre 1st, 2011

    Cuentan los periódicos que las últimas palabras de Steve Jobs fueron “¡Oh, guau!”. ¿Por qué lo diría? ¿Qué habría sentido o descubierto? ¿Te atreves a escribir la continuación?

    ***
    According to his sister Mona Simpson Steve Jobs´ last words were “¡Oh, wow! ¡Oh, wow!”. What was he thinking? What crossed his mind at that very point? What would be your guess about the following scene?

    El futuro ya está aquí

    Octubre 21st, 2011

    Leyendo sobre publicidad he dado con esta ilustración de el Perich publicada en 1998.

    Contenido blog

    Ahora que ya existen dispositivos de lectura como el Kindle que incorporan publicidad y plataformas de lectura en la nube o de tipo social que te recomiendan libros resulta gracioso ver lo que se pensaba del tema en 1998 (o incluso antes; no sé exactamente de cuándo es la viñeta).

    La ilustración aparece en El libro rojo de la publicidad de Luis Bassat, pag 2.