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Archive for Diciembre, 2011

Qué ereader me compro

Miércoles, Diciembre 28th, 2011

Parece que este año va a ser definitivamente el de los ereader, a juzgar por el despliegue publicitario y las consultas de usuarios sobre lectores de ebook. Y a la hora de comprar uno no sabe por dónde empezar. Este artículo pretende aclarar las ideas a los no iniciados.

Regalo navideño... ¿será un lector de ebook?

Regalo navideño… ¿será un lector de libros digitales?

El factor fundamental a la hora de elegir un dispositivo u otro son las características del usuario. No necesita el mismo ereader alguien que lee muchos libros técnicos, llenos de gráficos, que alguien que lee básicamente novela en español. Tampoco es lo mismo alguien que quiera un dispositivo para leer cómic y revistas que un estudioso que busque un instrumento que le permita tomar notas, subrayar y recuperar fácilmente esa información.
También influye si sueles comprar títulos en inglés (o cualquier idioma que no sea español) o si mayoritaria o únicamente lees en español. Por ejemplo, si lees mucho en inglés te resultará muy útil tener un Kindle de Amazon y si lees en español la opción de comprarte un Tagus de Casa del libro te puede resultar tentadora porque con él te resultaría muy fácil encontrar libros y comprarlos en un clic. Pero el Tagus no es un buen dispositivo (como no lo es tampoco su primo de la Fnac Bq 2, ni el Inves de El Corte Inglés) porque es lento, falla mucho y se ve mal y además se trata de un ereader “cerrado”, asociado a una plataforma, lo que implica algunas limitaciones.

En líneas generales, para un lector medio no especializado lo más importante de un ereader es que la lectura resulte cómoda (lo más parecida a la experiencia lectora en libro impreso), que la batería dure, que cargue los libros rápido y pase las páginas a buen ritmo, que admita los formatos más habituales, que pese poco y que tenga un precio ajustado. Además, debería dejarte marcar páginas, subrayar, tomar notas y no viene mal que tenga incorporado uno o varios diccionarios. También resulta útil que disponga de WiFi.

En otras palabras, para usuarios que básicamente quieran leer novela o ensayo “sencillo” (sin gráficos complejos y que no requieran tomar muchas notas) me parece que lo más aconsejable es un lector de 6 pulgadas, con tinta electrónica y pantalla no táctil (las táctiles tienen reflejos que terminan cansando la vista y consumen más batería) y sin teclado físico (para que no te quite espacio de lectura ni incremente el peso).
En principio, para gente que lea mucho y mayoritariamente libros comprados (por tanto, con algún tipo de protección antipirateo o DRM; Digital Rights Management) mi recomendación sería un Kindle 4 (99€).

Kindle 4 con uno de sus salvapantallas

Kindle 4 con uno de sus salvapantallas

Es muy fácil de usar y muy fiable y la relación calidad/precio es inmejorable, aunque tiene dos características bastante enojosas que conviene tener en cuenta.
La primera es que por ahora sólo admite archivos “.mobi” y “azw.”, por más que la ficha técnica explique que acepta otros (“through conversion” parece que decía el folleto del Kindle 3, qué cachondos). Los PDF los muestra, o bien muy pequeños, o bien, si aplicas zoom, descuadrados (con lo que tienes que estar haciendo scroll todo el tiempo y es incomodísimo). En otras palabras, de poco sirve que admita PDF si no se ven bien (en realidad los PDF transforma automáticamente en PCR por lo que he visto; Por otra parte, los PDF dan problemas en general a la hora de visualizarse en la mayoría de los dispositivos porque al adaptar el tamaño o reescalar aparecen particiones de palabras incorrectas y cosas parecidas. En cualquier caso, una cosa es ver palabras incorrectamente partidas y otra es dejarte los ojos o volverte loca dándole al scroll para ver la página).

Salvapantallas de ereader de Amazon con tintero y pluma

Los salvapantallas del Kindle 4 son muy curiosos, por una parte, se esfuerzan por inscribirse en la tradición de la escritura y los libros escritos y por otra parecen destinados a sacarle el máximo partido a la gama de grises del dispositivo

La limitación de formatos de Kindle (o de cualquier ereader) se soluciona en parte con un programa gratuito llamado Calibre que permite hacer conversiones e incluso organizar tu biblioteca digital. Yo tuve problemas al descargármelo y por ahora no lo he llegado a usar, pero todo el mundo (léase blogueros del sector y comentaristas de los foros) dice que está muy bien y que es muy sencillo.

Además, para libros sin protección DRM también puedes mandar un email a Amazon con el archivo en cuestión y “Convert” en el Asunto y te lo devuelven convertido a un formato compatible de forma gratuita. El pequeño problema es que casi todos los libros que compres llevarán DRM (que es una protección antipirateo incluida en casi todos los ebook que se comercializan). Y que todo este trajín de conversiones lleva tiempo y energía y tú lo que querías era leer tranquilamente y no hacerte un máster acelerado de extensiones compatibles y programas de conversión.
La otra enojosa característica es que comprarse un Kindle con Wifi puede producir cierta sensación de haber metido en casa a un infiltrado de Amazon. La diferencia entre dispositivos “abiertos” y “cerrados” es importante. Los lectores cerrados son aquellos vinculados a una plataforma de compra y por tanto también a un tipo de formato concreto. Amazon puede vender su e-reader a 99 euros en España porque sus beneficios no están en el aparato, sino en los muchos libros de su plataforma que espera colocarle al usuario. Es como el caso de los móviles con las operadoras telefónicas: te llevas un terminal más barato a cambio de un compromiso de permanencia (la permanencia en el caso de Amazon es más sutil). De hecho, en el caso de la tableta Kindle Fire se habla incluso de que el PVP ni siquiera cubre el costo; en realidad es una sucripción al contenido multimedia de Amazon más que una tableta.

Kindle presumiendo de escala de grises

Kindle presumiendo de escala de grises
Es un planteamiento muy lógico. Si yo tengo un ereader en el que se lee estupendamente y con el que me conecto mediante WiFi al catálogo de Amazon y me descargo en un minuto una muestra gratuita para ver si me gusta y en otro minuto más me lo puedo comprar haciendo un solo clic y empezar a leer inmediatamente es muy probable que le compre muchos libros a Jeff Bezos, especialmente teniendo en cuenta que los libros en inglés de Amazon son significativamente más baratos que los que se venden en España (en ese sentido yo estoy encantada con mi Kindle; me facilita mucho la elección de títulos y su compra y me ahorro el transporte; el sistema de recomendación está muy bien y los comentarios de los lectores dan colorcillo y crean comunidad; eso sí, tanta facilidad de compra contribuye a mi “libropatía). Esto por una parte.
Por la otra, lo normal es que los usuarios o lectores queramos ampliar nuestra biblioteca digital con títulos de otras tiendas, con pdf de trabajo, con ePub (el formato más usado por las editoriales de libros electrónicos) o incluso con documentos Word, y en ese caso nos fastidiará mucho que el navegador antediluviano del Kindle (que ellos llaman Experimental) no me deje acceder a ellas o acceda a una velocidad desesperante y sobre todo que el dispositivo sólo lea bien archivos en formato mobi y azw. (Los navegadores de los ereader, por lo que he visto, suelen tender a lo antediluviano; digamos que navegar no es hoy por hoy la prioridad, aunque es normal que se incluyan enlaces “rápidos” a Wikipedia, Google y sitios así).

Salvapantallas de máquina de escribir

En otras palabras, el Kindle 4 es una magnífica opción para usuarios que piensen dedicarlo a leer mayoritariamente títulos comprados a Amazon o a quienes no les importe dedicar tiempo a convertir cada archivo “foráneo” que quieran leer, vía Calibre o mandando un email a Amazon.

Cuando decía que Kindle es como un caballo de Troya o un infiltrado permanente de Amazon en tu vida cotidiana me refería a cosas como que hace dos años esta empresa retiró dos novelas de George Orwell de las bibliotecas virtuales de miles de usuarios sin pedir permiso, con nocturnidad y alevosía, al descubrir que el editor carecía de los derechos de autor para publicarlos. . Eso sí, devolvieron el dinero del libro, pero a los usuarios les molestó mucho darse cuenta de que Amazon se considera con derecho a manipular sus bibliotecas virtuales y que de hecho tiene la opción de hacerlo. Este incidente suscitó la duda de si los ebook comprados a Amazon los tenemos en régimen de alquiler o si somos sus propietarios. Para completar este artículo hace un par de días le planteé la duda a Amazon.es y me contestaron que los libros por los que he pagado son míos y que además los van a almacenar en sus servidores (por si yo pierdo mi Kindle, se entiende). (La pregunta la plantée el 24 de diciembre, día de Nochebuena, y al poco rato me contestaron; el servicio de atención al cliente funciona bastante bien en general).

Sin embargo, para gente que lea mucho pero no muchísimo y a la que este factor “caballo de Troya” le inquiete especialmente en lugar del Kindle le recomendaría el Sony PRS T-1, un dispositivo muy parecido al de Amazon pero superior en muchos aspectos, aunque resulta más caro (199€ es su PVP normal, aunque hay ofertas por 179€). Tiene 6 pulgadas, admite más formatos, permite reproducir mp3 sin DRM (es decir, oír música, o audiolibros sin protección antipirateo), incorpora 12 diccionarios y cuenta con pantalla táctil (de visibilidad mejorada, según dicen, pero en cualquier caso menos cómoda que la de Kindle; como comentaba antes, hoy por hoy las pantallas táctiles siguen cansando más que las no lo son, porque producen reflejos), y permite funciones como poder subrayar y tomar notas con Stylus (una especie de lápiz). Y además es un dispositivo “abierto”, no vinculado todavía a una plataforma de libros (digo “todavía” porque tratándose de Sony, que produce contenidos audiovisuales, es posible que en el futuro sí lo esté). Para verlo “en acción” pincha en este enlace a un video de Youtube.

Lector de ebook en su contexto natural

Lector de ebook en su contexto natural
Aunque este ereader incluye conexión a Googlebooks para facilitar la descarga de sus libros no está concebido como una ventana comercial de un solo fabricante como ocurre con el dispositivo de Amazon y otros. Para usuarios acostumbrados a smartphones y tabletas, cualquier ereader con pantalla táctil al principio les va a resultar más cómoda: yo en los primeros días con mi Kindle 4 tenía la tentación de agrandar la letra tocando la pantalla o de pasar la página haciendo lo mismo. Pero si lees mucho (en tu ereader, en tu pantalla de ordenador, documentos en papel en el trabajo, libros en papel) es importante contar con el dispositivo que menos fatiga te vaya a proporcionar y de momento, hasta donde yo sé, es el Kindle 4.

En cualquier caso, como me recordaban el otro día en un improvisado chat en Twitter unos compañeros del sector editorial y de la tecnología (@sinerrata, @bydiox, @undivaga, @eduo, @SolOske el hecho de que un dispositivo como el de Sony sea abierto no libra al usuario del engorro que supone manejar archivos con DRM (el de Adobe es especialmente engorroso). Es decir, a la hora de leer en tu Sony ebooks en formato ePub que estén protegidos con DRM (es decir la mayoría de los comprados) poco importa que tu ereader sea abierto o cerrado… Por otra parte, a la hora de gestionar archivos protegidos con DRM el Sony T1 sólo admite ePub y PDF, lo que significa que tampoco es tan amplia su oferta…

Por tanto, si lo que quieres es un lector abierto, que no te vincule demasiado a una plataforma y que admita varios tipos de formatos y funciones (opción de anotar y subrayar con Stylus, ampliar el tamaño con los dedos y demás) Sony sería la opción más clara, aunque cuesta 100€ más que el Kindle. Tiene un diseño más atractivo que el Kindle y hay colores para elegir, incluye 12 diccionarios y en general es menos “ortopédico” que el Kindle (para tomar notas, por ejemplo, tienes que activar el teclado virtual e ir avanzando sobre él letra a letra con el cursor; resulta aparatoso).
Si básicamente quieres leer libros comprados y hacerlo muy cómodamente, con una interface muy sencilla y sin cansar nada la vista, el Kindle (el ereader más vendido del mundo) es tu opción.

Tomando un té y leyendo un libro

¿Qué tal un té y un poco de lectura?

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Casa del Libro y Fnac
Los ereader de Casa del Libro y Fnac me parecen poco aconsejables porque están vinculados a plataformas de venta y porque el dispositivo en sí es el Bq de Movistar en una versión renovada, y no es un buen lector (da fallos, es lento, no permite subrayar, cansa más la vista que el Kindle). Los lectores de Casa del Libro y Fnac son parecidísimos, porque se trata del mismo dispositivo (tienen el mismo hardware, varía la interface). Lo estuve probando en la Casa del Libro de Fuencarral el otro día y ni punto de comparación con el Kindle (se colgaba, aparecían rayas… el navegador muy lento también y desde luego se lee peor). Eso sí, admite bastantes formatos.

Aspecto de Tagus de Casa del Libro

Dispositivo Tagus, de la Casa del Libro. Tiene un formato más cuadrado que el Kindle pero el mismo tamaño

Creo que la mediocridad de los dispositivos de Casa del Libro eclipsa las ventajas que aporta el Tagus para los lectores españoles: por más que puedas comprar un montón de libros en español con un solo click, que sea baratito (119€ y si lo compras antes del 31/12 te regalan el último premio Planeta) y que incluya el diccionario de la RAE y uno de inglés, y que tenga opciones de lectura social (que te sea fácil comentar el libro que estás leyendo con otros lectores o compartir citas o conocer otras opiniones antes de comprar) lo fundamental es que el lector falle poco y funcione bien. La parte social la puedes hacer desde tu ordenador sin problemas.

Los Papyre resultan atractivos sobre el papel y además admiten muchos formatos, pero he visto en unos foros que tienen tendencia a escacharrarse y que el servicio de posventa es malo porque en realidad son dispositivos Hanlin “reetiquetados” como Papyre. Tampoco se lee demasiado bien en condiciones de mucho sol.. Por cierto, el otro día vi un Papyre nuevo precioso en el VIPS. Parece una tableta ultrafina pero se va mucho de precio. Se llama Alex y es un híbrido entre ereader y tableta. Tiene muy buena pinta pero cuesta 299€).
El Bq Cervantes también resultaba atractivo (sencillo y funcional), aunque volvemos a tener el problema de poca fiabilidad de los Bq: en general dan bastantes fallos, son lentos y se suelen estropear.

Para leer comic o revistas la mejor opción es un Ipad o cualquier buena tableta un poco grande.

Para profundizar en algún aspecto concreto:

  • Sobre DRM y tipos de pantallas
  • Sobre formatos de Amazon Kindle
  • Curiosidad sobre cómo cambiar de un formato a otro
  • (ve a comentario de Cyclope, con Control + F).

  • Recorrido en perspectiva sobre ereaders
  • *******NOTA DE HUMOR***********
    Buscando imágenes del Sony PRS-T1 para ilustrar el artículo he encontrado bastantes videos en Youtube. Uno de ellos contiene una comparativa entre tres ereader (Kindle 3, Pocketbook 602 y Sony PRS-T1) que me ha gustado por dos cosas. La primera es que por contraste convierte este artículo en un texto de lo más ameno y de una claridad meridiana ;-)
    La segunda razón es que las explicaciones de la señora casada (lleva un anillo) de acento extraño pero comprensible (parece alemán pero no estoy segura; las “r” son perfectamente americanas) activando tres cacharros a la vez y soltando comentarios cuasi incomprensibles recuerdan un poco a Tip y Coll explicando cómo se debe beber un vaso de agua o a un número circense de los Hermanos Marx en versión tecnológica.
    Creo que la intención de la señora que responde al nombre de “The3onna” es ver cuál de los tres dispositivos tarda menos en cargar los PDF y en pasar las hojas pero con tanto movimiento (con la izquierda, con la derecha, ahora sin manos) y con el verbo premioso de la dama me pierdo… Mira qué te parece y me cuentas tu impresión en un comentario. De hecho creo que esta mujer no ha oído nunca decir eso de “Las comparaciones son odiosas” y por el contrario se ha lanzado a comparar dispositivos en una serie de videos que puedes ver aquí. ¿De qué país será? ¿Trabajará en una tienda de electrónica? ¿será maestra de escuela? Me tiene fascinada…

    Mentores en la sociedad del 2.0

    Martes, Diciembre 27th, 2011

    Leyendo el reportaje de “Código único” (por dios, qué nombre más feo para un suplemento semanal) titulado “Mentores y discípulos del siglo XXI” de Eva Millet, que trata sobre una iniciativa de Rolex e incluye a bailarines, artistas visuales, escritores, músicos, cineastas y dramaturgos en un esquema de “mentoring”, en el que un artista maduro comparte su saber con otro emergente, me ha surgido una serie de preguntas.
    Pero antes de entrar en ellas, dado que el artículo no está disponible online para enlazarlo (o al menos yo no lo he podido encontrar) resumamos qué figuras aparecen: Trisha Brown (coreógrafa) y Lee Serle (bailarín y coreógrafo); Hans Magnus Enzensberger (filósofo, ensayista) y Tracy K. Smith (poeta, profesora en la universidad de Stanford); Anish Kapoor (pintor, escultor) y Nicholas Hlobo (artista visual); Brian Eno (músico y productor musical) y Ben Frost (músico y compositor); Zhang Yimou (director de cine) y Annemarie Jacir (directora de cine).
    La figura del mentor tiene una larga trayectoria, y así, por ejemplo, según cuenta Eva Millet en el artículo Aristóteles fue mentor de Alejandro y de Platón; Paul Bowles asesoró a William Burroughs y a Allen Gingsberg.
    En la sociedad actual un mentor viene a ser un guía, consejero o preceptor de otro y el concepto por tanto implica un matiz unidireccional y jerárquico de la relación o proceso de “mentoring” que desentona en esta sociedad contemporánea basada en la participación y las relaciones horizontales, y que hace que varios de los mentores se desmarquen del enfoque profesor emisor unidireccional (Sellars habla de una experiencia “a dos bandas” y Kapour la describe como un diálogo, Enzensberger destaca que su discípula le ha ayudado mucho a comprender la sociedad norteamericana).
    Este interesante reportaje me ha hecho preguntarme qué mentor me gustaría tener, a qué tipo de discípulo le podría yo ayudar u orientar y sobre todo si es posible que en realidad en esta fase de mi vida no necesite mentores ni discípulos sino simplemente ponerme a explorar y trabajar.
    En cualquier caso, me parece muy interesante pensar qué parte del talento y la destreza se puede enseñar o aprender y estudiar qué formas serían más eficaces a la hora de transmitir esos saberes.

    Datos complementarios

    La Iniciativa Artística de Rolex para Mentores y discípulos lleva 10 años en marcha y comprende seis áreas: teatro, literatura, cine, danza, música y artes visuales. El objetivo es brindarle al discípulo una experiencia de un año que culmine con una obra creativa realizada por el artista joven bajo la orientación de su mentor. A lo largo de ese año ambos pasan al menos seis semanas juntos compartiendo experiencias y conocimientos. Los alumnos “becados” reciben 25.000 dólares más una bolsa para gastos de viajes y demás, mientras que los mentores por su parte reciben 50.000 dólares y eligen al discípulo entre tres finalistas. En la década que lleva vigente la iniciativa han participado Alvaro Siza, David Hockney, Martin Scorsese, Stephen Frears, Mario Vargas Llosa, Toni Morrison, Wole Soyinka, Youssou N´Dour. para la edición del año que viene se buscan discípulos para Margaret Atwood y Gilberto Gil. Los discípulos no se postulan a sí mismos sino que son propuestos por un comité y posteriormente hay que superar una serie de selecciones.

    Cuaderno de lecturas: escritura, velocidades y hemisferios cerebrales

    Domingo, Diciembre 25th, 2011

    Soy una lectora caótica en impulso y bastante analítica en el proceso. Tiendo a leer muchos libros a la vez, especialmente si son de no ficción, porque todas las ideas que encierran me motivan (con las novelas es un poco distinto: nunca me siento inclinada a leer tantas a la vez; las historias piden cierta exclusividad/fidelidad; por otra parte llevo un par de años o más mucho más interesada por el ensayo que por la narrativa) pero ese entusiasmo y esa urgencia inicial no me impiden leerlos en profundidad y con capacidad analítica (o eso espero).

    Suelo leer por áreas temáticas. Tengo mis rachas: un mes me apetece mucho psicología y me zambullo en los tipos psicológicos de Brystol-Myers y sus revisores (”¿De qué tipo soy?” Renee Baron); y comunicación no verbal y libros sobre fuerza de voluntad (“Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength” de Baumaster y Tierney) y estilos afectivos (“The five love languages” de Gary Chapman) o Daniel Kahneman (“Thinking, Slow and Fast”), mientras que otro mes lo que me atrae intensamente es la reeducación postural, el fitness, yoga y técnicas de relajación y otro me apetece muchísimo escritura creativa y me sumerjo en libros sobre el argumento y el personaje, títulos con consejos sobre cómo escribir y demás.

    Releyendo el párrafo anterior se me ha ocurrido que es difícil establecer si simplemente me atrae un tema ese mes y un libro lleva a otro y el otro al siguiente, a veces vía recomendaciones de Amazon y otras a través de las propias recomendaciones del autor del libro 1. En realidad todo parece una gran conversación con ecos sobre diversas paredes que hacen resonar la voz con un matiz ligeramente distinto. (Y la relación entre los ecos muchas veces no es lineal, por ejemplo, mi última oleada de lecturas sobre psicología la motivó la lectura de “Plot versus Character” (o Argumento frente a personaje, un libro sobre cómo escribir ficción) de Jeff Gerke; en la parte de construcción de psicología del personaje recomienda un par de libros sobre tipos psicológicos que he comprado y que engarzan con otras lecturas previas mías sobre el tema, trazando como una especie de mapa de reverberaciones con recovecos inesperados hacia la derecha y la izquierda).

    Y esto me lleva a otra pregunta, el hecho de que haya un único efecto eco o veintitrés (que me quede contenta con dos libros sobre un tema o me sienta impulsada a leer mucho más), ¿de qué depende más, del interés intrínseco que tiene para mí ese tema, o de las recomendaciones de lectura del primer libro o del contenido de “Lectores que han comprado este libro también han considerado interesantes…” en Amazon? ¿o de cómo me haya levantado esa mañana de la cama? Supongo que todo influye pero que es realmente difícil determinar en qué medida.

    Con frecuencia me digo a mí misma (habla el hemisferio izquierdo) que este dejarse llevar por el entusiasmo lector y comprar y empezar a leer varios libros a la vez no es una metodología demasiado buena, porque algunos títulos quedan a medio leer en la mesilla o el Kindle (y esto me produce cierta desazón y cierta sensación de no estar haciéndolo como se supone que lo debo hacer) y porque posiblemente lecturas más reposadas, tomando notas y dejando posar lo leído, tendrían mejores resultados (en términos de cerebro izquierdo; a mi cerebro derecho le encanta “picotear”), pero esta metodología mía tiene una ventaja muy buena o en realidad dos.

    Por una parte, te permite encontrar -en realidad, propiciar- “coincidencias” afortunadas, como por ejemplo descubrir que el libro “The 90-Day Novel. Unlock the Story Within” de Alan Watt que estás leyendo ahora aplica algo sobre lo que has estado leyendo hace dos días en el libro de Kahneman “Thinking, Slow and Fast”. Kahneman sostiene que hay dos formas básicas de pensar, una intuitiva y rápida y otra lenta y analítica; la primera correspondería grosso modo al hemisferio izquierdo (en realidad a una parte de él, supongo) y la otra, lenta, sería la que nos permite hacer cosas como cálculos complicados y que hace disminuir nuestra energía y nos hace dilatar las pupilas.
    Pues bien, el escritor y profesor de escritura creativa Alan Watt sostiene que si le damos a nuestra mente rápida (el subconsciente, el hemisferio derecho) la oportunidad de trabajar a sus anchas durante el tiempo suficiente es mucho más factible escribir una novela (o llevar a buen término cualquier tarea creativa complicada) y que el inconsciente nos transportará y nos garantizará que encontramos un buen conflicto en términos narrativos y un buen tema en términos de contenido a nivel personal. Y una gran satisfacción, sobre todo.

    Lo que viene a contar Watt (con un apellido tan energético no me extraña que el tipo tenga fuerza para dar y tomar) es que el Storytelling (contar historias, la imaginación, la creatividad) se basa en el hemisferio derecho y que el típico perfeccionismo o capacidad de análisis del escritor sólo sirve para coartarlo. El perfeccionismo o el pulido debe llegar cuando todo el borrador esté puesto por escrito, es decir el “slow thinking” de Kahneman debería estar calladito hasta que el primer borrador tome cuerpo, porque la mente analítica tiene dos características muy molestas: tiende a censurar todo aquello que no satisface su exigente criterio (para eso le pagan, por otra parte) y consume mucha energía.

    Explicado en términos sencillos el “fast thinking” viene a ser el procesador mental que traemos por defecto los humanos, rápido y perfectamente funcional en muchas situaciones (la mayoría si no he entendido mal) y el “slow thinking” sería como un programa compensador, una especie de antivirus destinado a revisar procesos más complejos y determinar si son correctos o no. O mejor, una especie de auditor interno que trabaja lento, lo pone todo un poco patas arriba para investigar y termina presentándonos algunas conclusiones interesantes pero con un coste en tiempo, energía y recursos considerable.

    Las coincidencias en mis lecturas no terminan aquí, pero por algún lugar hay que cortar. Seguiremos informando.