A pares: Inmersiones posibles (crítica de libros)
Jueves, Diciembre 31st, 2009Leo a la vez (o casi) dos libros sobre aprendizaje/enseñanza, ambos escritos por norteamericanos cincuentones.
Uno se llama “Si quieres, puedes” y lo firma Richard Vaughan, profesor de inglés y director de varias empresas dedicadas a la enseñanza del inglés en España (Aprende inglés TV, Vaughan Town, Radio Vaughan). El otro libro tiene por título “Inmersión total”, expone un nuevo enfoque para la natación y lo firman Terry Laughlin y John Delves.
Ambos libros están bien escritos y son recomendables en sus campos respectivos. Estos títulos comparten tres rasgos fundamentales: el afán numérico de los norteamericanos (siempre hay horas dedicadas a algo, número de brazadas, número de largos), un enfoque pop (hay que dirigirse a la mayoría, ser claro; adoptar un lenguaje que todos entiendan) y luego un cierto compromiso con el descubrimiento propio. Es como si pensaran, vale, tengo que ser entendible y persuasivo, tengo que seducir, pero no a costa de decir cosas falsas o de hacer propuestas que no funcionen. Ambos tienen algo de iluminados en el buen sentido (un anglosajón hablaría de “inspiring approach” o incluso “inspiring author”).
En “Si quieres, puedes” el aspecto ‘pop‘ se combina con una llamada a la disciplina. El punto ‘pop’ hace que incluya ilustraciones, ejemplos y que se esfuerce en muchos momentos por convencer (la persuasión de Vaughan es audiovisual) y que introduzca unos poemas en español francamente malos pero eficaces a su manera (leemos a un mal poeta desde el punto literario pero a un hablante no nativo muy capaz). La vocación marcial de Vaughan, combinada con un afán de contabilizar horas dedicadas a vocabulario, horas dedicadas a gramática; sus propias horas dedicadas a preparar material didáctico, ese elogio de la disciplina aflora con mucha frecuencia en forma de llamada a repetir estructuras gramaticales.
Vaughan sostiene que el aprendizaje de un segundo idioma a partir de los 6 años exige una inversión en tiempo, dinero y energía muy importante, en torno a las 3000 horas o los 30.000 euros (en una combinación de tiempo y esfuerzo). En definitiva, como una licenciatura en una universidad privada.
Las enseñanzas básicas de Vaughan se resumen en que es prioritario desarrollar el oído para poder entenderlo todo a la primera, dedicar muchas horas a la gramática básica (memorizar estructuras y repetirlas; que la gramática nos sirva de soporte y no de obstáculo), y hablar en inglés todo lo posible, uno solo, a una amiga imaginaria que vive en nuestro cuarto, a un copiloto invisible que nos acompaña cuando vamos en coche, leer en voz alta todo tipo de textos… y fundamental, perder el miedo al ridículo, ya que el secreto está en practicar sin parar.
Curiosamente Vaughan desaconseja vivamente leer buena literatura o literatura clásica en inglés como forma de mejorar el vocabulario, porque considera que es contraproducente, ya que la mayoría del vocabulario y las estructuras empleadas no tienen nada que ver con el inglés hablado contemporáneo. Aconseja vivamente sin embargo leer best sellers en inglés: libros que “enganchen”, cuya trama se pueda seguir por más que haya palabras que no se entiendan y que emplean los términos y la gramática más frecuentes (he aquí de nuevo el enfoque pop).
Laughlin, que ha elegido un título tomado de los cursos de idiomas (Inmersión total), expone al lector su descubrimiento de una forma de nadar que remeda las características hidrodinámicas de peces y barcos. A grandes rasgos, lo que sostiene Laughlin es que hay que nadar estirados para formar una figura delgada y larga, aprovechar la flotabilidad de la “boya” de los pulmones y estar el máximo tiempo posible sobre los costados ya que deslizan mejor y oponen menor resistencia al agua (“nadar a través de un agujero” es la metáfora que utiliza). Los brazos sólo “agarran” y no tiran, ya que el tirón parte de los músculos más fuertes del cuerpo: glúteos y músculos de las caderas en lugar de estar originado por los “débiles” músculos de los hombros. Las teorías (o el descubrimiento) de Laughlin se parecen mucho a las de la Técnica Alexander, pero en ellas hay un esfuerzo visible por volverse empíricas, explicables, medibles.
Así, también la IT (Inmersión Total; TI en sus siglas inglesas) es consciente de que los malos hábitos son persistentes, pero en lugar de abordarlos indirectamente como en la TA (“hay que dejar de hacer lo incorrecto para que lo correcto suceda”, dice F. M. Alexander respecto a su técnica de inhibición o parada) descompone o deconstruye las técnicas de crol en una serie de ejercicios que están lo bastante alejados de la forma de nadar en sí para no convocar los viejos hábitos de natación (cabeza levantada, piernas tensas que no paran de batir, cuerpo mal alineado y que no flota bien).
Otro elemento esencial de la natación de Laughlin es mantener el juego de los brazos en el cuadrante superior del cuerpo el máximo tiempo posible y ya en un orden de cosas más amplio el trabajo de la percepción sensorial: el monitor de natación sostiene que nadar (bien) tiene más que ver con mantener una buena forma (gracias a la orientación que proporciona un sistema nervioso “bien engrasado”) que con estar en buena forma. En definitiva, el estilo de natación que defiende busca la fluidez y no el esfuerzo.
Y la fluidez con el inglés según Vaughan pasa indefectiblemente por el esfuerzo.
Ficha completa:
Inmersión Total. Un método revolucionario para nadar mejor, más rápido y más fácilmente. Terry Laughlin y John Delves. Traducción Laura López Bonilla. 326 pgs. Paidotribo. 2008, Barcelona.
Si quieres, puedes. Richard Vaughan. 254 pgs. Editorial Libros libres. 2009, Madrid.