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Archive for the 'Didáctica' Category

El estilo del escritor

Viernes, Febrero 3rd, 2012

Sobre el estilo del escritor

Intentar añadir estilo es como ponerse un peluquín. A primera vista, el hombre que antes era calvo parece joven e incluso guapo. Pero si se le mira bien –y con un peluquín
la mirada suele detenerse sobre quien lo lleva- su aspecto resulta extraño. El problema no es que no parezca arreglado; lo parece, y no nos queda más remedio que admirar la habilidad del fabricante de pelucas. La cuestión es que no parece él mismo.

William Zinsser, “On Writing Well. The Classic Guide to Writing Nonfiction”,
p.18; traducción mía. A continuación el texto original:

“Trying to add style is like adding a toupee. At first glance, the formerly bald man looks young and even handsome. But at second glance –and with a toupee there is always a second glance- he doesn’t look quite right. The problem is not that he doesn’t look well groomed; he does, and we can only admire the wigmaker’s skill. The point is that he doesn’t look like imself”.

William Zinsser, “On Writing Well. The Classic Guide to Writing Nonfiction”, p.18

Conversaciones librescas

Jueves, Enero 12th, 2012

Hay una conexión secreta entre los libros. Como si conversaran entre sí o sus caminos se cruzaran en algún lugar de un subsuelo libresco imaginario, tipo cuadro de Escher o relato de Borges. En ocasiones sucede que un autor ha digerido a otro a quien leyó hace mucho tiempo y otras simplemente parece que bebieran de las mismas fuentes.

Introduction “How You Stand, How You Move, How You Live”, Missy Vineyard. Da Capo Press; 2007; Cambridge; Massachusets. (pag 1; Libro sobre la Técnica Alexander).

“There is a poster of Michael Jordan on the wall in my teaching room that I like to show my students. Jordan is four feet off the ground, suspended in the air halfway between the foul line from which he has departed and the basket toward which he is aiming and soon to dunk the ball. He is as close to a human bird as I have seen –a massive, four-limbed bird in improbable flight. There are many striking aspects to this picture: Jordan’s height in the air; the distance he has travelled and has yet to travel, airborne, en route to the basket; his strong, upright torso. Most astonishing is the expression on his face. It is apparent that his mind is not focused on his body. He is not feeling what his legs are doing, checking out where his arms are going, or wondering where he will land. His mind is focused on the basket as every part of his body fulfils his purpose in easy and fluid coordination, following the direction of his mind’s intent.
“Wow! How does he do that?” my students ask in a tone of wonder. The next question is spoken slowly, with a distant note of self-reproach: “Why can’t I do that?” (…)

Introduction “On Writing Well- The Classic Guide to Writing Nonfiction”; William Zinsser (Harper Collins; Nueva York; primera edición 1976; edición empleada 2006, con motivo del 30 aniversario de la primera; pp IX-X).

“One of the pictures hanging in my office in mid-Manhattan is a photograph of the writer E.B. White. It was taken by Jill Krementz when White was 77 years old, at his home in North Brooklin, Maine. A white-haired man is sitting on a plain wooden bench at a plain wooden table –three boards nailed to four legs- in a small boathouse. The window is open to a view across the water. White is typing on a manual typewriter, and the only other objects are an ashtray and a nail keg. The keg, I don’t have to be told, is his wastebasket.
Many people from many corners of my life –writers and aspiring writers, students and former students – have seen that picture. They come to talk through a writing problem or to catch me up on their lives. But usually it doesn’t take more than a few minutes for their eye to be drawn to the old man sitting at the typewriter. What gets their attention is the simplicity of the process. White has everything he needs: a writing implement, a piece of paper, and a receptacle for all the sentences that didn’t come out the way he wanted them to.
Since then writing has gone electronic. Computers have replaced the typewriter, the delete key has replaced the wastebasket, and various other keys insert, move and rearrange whole chunks of text. But nothing has replaced the writer. He or she is still stuck with the same old job of saying something that other people will want to read. That’s the point of the photograph, and it’s still the point -30 years later- of this book”.

Teniendo en cuenta que el libro de Zinsser ha vendido más de un millón de ejemplares en Estados Unidos, que se publicó por primera vez en 1976 y que el texto de Vineyard se editó en 2007 es muy posible que Vineyard hubiera leído el libro de Zinsser y se le hubiera quedado en la recámara el recurso de empezar el ensayo con un detalle personal y al mismo tiempo visual y didáctico. Hay decenas de libros que arrancan con una imagen así (supongo), pero la coincidencia me ha hecho gracia.

En ambos casos, empezar el libro con una foto y concretamente con esa es una buena elección: la imagen tiene viveza, convoca a la emoción y detalla los elementos clave de lo que se enseña en el libro: en un caso la relación cuerpo mente y en el otro la escritura. En otras palabras, supone una puerta a lo que se va a encontrar el lector a nivel intelectual y afectivo.

Mentores en la sociedad del 2.0

Martes, Diciembre 27th, 2011

Leyendo el reportaje de “Código único” (por dios, qué nombre más feo para un suplemento semanal) titulado “Mentores y discípulos del siglo XXI” de Eva Millet, que trata sobre una iniciativa de Rolex e incluye a bailarines, artistas visuales, escritores, músicos, cineastas y dramaturgos en un esquema de “mentoring”, en el que un artista maduro comparte su saber con otro emergente, me ha surgido una serie de preguntas.
Pero antes de entrar en ellas, dado que el artículo no está disponible online para enlazarlo (o al menos yo no lo he podido encontrar) resumamos qué figuras aparecen: Trisha Brown (coreógrafa) y Lee Serle (bailarín y coreógrafo); Hans Magnus Enzensberger (filósofo, ensayista) y Tracy K. Smith (poeta, profesora en la universidad de Stanford); Anish Kapoor (pintor, escultor) y Nicholas Hlobo (artista visual); Brian Eno (músico y productor musical) y Ben Frost (músico y compositor); Zhang Yimou (director de cine) y Annemarie Jacir (directora de cine).
La figura del mentor tiene una larga trayectoria, y así, por ejemplo, según cuenta Eva Millet en el artículo Aristóteles fue mentor de Alejandro y de Platón; Paul Bowles asesoró a William Burroughs y a Allen Gingsberg.
En la sociedad actual un mentor viene a ser un guía, consejero o preceptor de otro y el concepto por tanto implica un matiz unidireccional y jerárquico de la relación o proceso de “mentoring” que desentona en esta sociedad contemporánea basada en la participación y las relaciones horizontales, y que hace que varios de los mentores se desmarquen del enfoque profesor emisor unidireccional (Sellars habla de una experiencia “a dos bandas” y Kapour la describe como un diálogo, Enzensberger destaca que su discípula le ha ayudado mucho a comprender la sociedad norteamericana).
Este interesante reportaje me ha hecho preguntarme qué mentor me gustaría tener, a qué tipo de discípulo le podría yo ayudar u orientar y sobre todo si es posible que en realidad en esta fase de mi vida no necesite mentores ni discípulos sino simplemente ponerme a explorar y trabajar.
En cualquier caso, me parece muy interesante pensar qué parte del talento y la destreza se puede enseñar o aprender y estudiar qué formas serían más eficaces a la hora de transmitir esos saberes.

Datos complementarios

La Iniciativa Artística de Rolex para Mentores y discípulos lleva 10 años en marcha y comprende seis áreas: teatro, literatura, cine, danza, música y artes visuales. El objetivo es brindarle al discípulo una experiencia de un año que culmine con una obra creativa realizada por el artista joven bajo la orientación de su mentor. A lo largo de ese año ambos pasan al menos seis semanas juntos compartiendo experiencias y conocimientos. Los alumnos “becados” reciben 25.000 dólares más una bolsa para gastos de viajes y demás, mientras que los mentores por su parte reciben 50.000 dólares y eligen al discípulo entre tres finalistas. En la década que lleva vigente la iniciativa han participado Alvaro Siza, David Hockney, Martin Scorsese, Stephen Frears, Mario Vargas Llosa, Toni Morrison, Wole Soyinka, Youssou N´Dour. para la edición del año que viene se buscan discípulos para Margaret Atwood y Gilberto Gil. Los discípulos no se postulan a sí mismos sino que son propuestos por un comité y posteriormente hay que superar una serie de selecciones.

¿Para qué sirve enseñar?

Sábado, Febrero 12th, 2011

Hay un proverbio en inglés que me parece muy acertado para explicar por qué algunos nos sentimos tan interesados por el mundo del aprendizaje y la enseñanza:

To learn, read
To know, write
To master, teach

Para aprender, lee
Para conocer, escribe
Para dominar un aspecto, enseña

Videojuegos y enseñanza: Apuntes sobre medios digitales y educación I

Domingo, Diciembre 12th, 2010

“Un videojuego es un gran problema que cuesta 50 euros” (Marc Prensky en el programa de La 2 Redes)

Las nuevas tecnologías han abierto un nuevo campo para la comunicación y la formación.En los últimos años grandes compañías de juegos de ordenador se han lanzado a producir juegos que tienen que ver con aprender o mejorar habilidades concretas, como en el caso de de la Nintendo DS Mi experto en Francés, Autoescuela Trainer, Rhythm Paradise, Training for your Eyes y Guitar Hero o los de la serie de cocina (en España, además se ha lanzado para la campaña de Navidad el Art Academy, al que dedicaré un post detallado cuando tenga oportunidad). Es evidente que el soporte y el contexto comunicativo en el que tiene lugar la interacción formativa facilitan cierto tipo de acciones y habilidades y dificultan o imposibilitan otras. También es evidente que las generaciones que han crecido con videojuegos (llamadas generaciones digitales nativas) han desarrollado capacidades diferentes a aquellas que mayoritariamente han crecido con libros y con radio (generaciones inmigrantes).
El día 5 de diciembre el programa Redes de Eduardo Punset titulado “No me molestes mamá, estoy aprendiendo” abordó el tema de la innovación en la educación, tomando como pie el congreso que tuvo lugar en Madrid en octubre y aprovechando el evento para entrevistar a Marc Prensky, experto en videojuegos y educación.

El tema es muy complejo y por supuesto mi intención no es agotarlo en este post, sino simplemente apuntar ideas que me parecen buenos puntos de partida para pensar y para investigar. Para Marc Prensky, la diferencia fundamental entre la cultura del libro y la que generan los videojuegos es que leer conlleva que haya una historia, una lógica, mientras que los videojuegos nos hablan de interacción, de una respuesta rápida, de la resolución de un problema.

La frase me ha hecho recordar por un lado la cultura anglosajona, una cultura que prima el hacer sobre el reflexionar (en los cuentos anglosajones la gente siempre hace cosas, toma café, cocina, “usa” el teléfono; frente a un enfoque más introspectivo o discursivo de un relato digamos francés, italiano o español; en el relato mediterráneo el personaje más bien charlaría simplemente) y también los cursos de Escritura creativa (Creative Writing) que hice en la Escuela de Letras, especialmente las prácticas de escritura: cada semana te planteaban un problema literario y tenías que resolverlo. Los problemas/prácticas estaban regulados de más fácil a más difícil y todos tenían un doble propósito: mejorar tu capacidad de observar la realidad y mejorar tu destreza a la hora de construir algo con tu “mecano” lingüístico. La observación del mundo y el dominio de la herramienta expresiva debían ir paralelos y estar acompañados de otra capacidad indispensable: la distancia entre tú y la realidad, entre tú y tu texto (en todos los talleres literarios el aprendizaje más importante que hace el alumno es adquirir la capacidad de leer sus textos como un lector “despegado”, de ver a sus “hijos” como un transeúnte interesado y no como un padre).
Expresado en términos más concretos, los videojuegos enseñan a aprender haciendo, rasgo que en realidad la enseñanza presencial tradicional lleva siglos aplicando (la enseñanza académica del dibujo en Bellas Artes, la educación física), mientras que los libros apelan a una lógica más abstracta y más discursiva.
Punset comenta durante el programa que se ha comprobado que los taxistas de Londres tienen la zona del hipocampo mayor o más desarrollada que el inglés medio, lo que demuestra que cierta actividad repetitiva modifica la estructura cerebral.

A pares: Inmersiones posibles (crítica de libros)

Jueves, Diciembre 31st, 2009

Leo a la vez (o casi) dos libros sobre aprendizaje/enseñanza, ambos escritos por norteamericanos cincuentones.
Uno se llama “Si quieres, puedes” y lo firma Richard Vaughan, profesor de inglés y director de varias empresas dedicadas a la enseñanza del inglés en España (Aprende inglés TV, Vaughan Town, Radio Vaughan). El otro libro tiene por título “Inmersión total”, expone un nuevo enfoque para la natación y lo firman Terry Laughlin y John Delves.
Ambos libros están bien escritos y son recomendables en sus campos respectivos. Estos títulos comparten tres rasgos fundamentales: el afán numérico de los norteamericanos (siempre hay horas dedicadas a algo, número de brazadas, número de largos), un enfoque pop (hay que dirigirse a la mayoría, ser claro; adoptar un lenguaje que todos entiendan) y luego un cierto compromiso con el descubrimiento propio. Es como si pensaran, vale, tengo que ser entendible y persuasivo, tengo que seducir, pero no a costa de decir cosas falsas o de hacer propuestas que no funcionen. Ambos tienen algo de iluminados en el buen sentido (un anglosajón hablaría de “inspiring approach” o incluso “inspiring author”).

En “Si quieres, puedes” el aspecto ‘pop‘ se combina con una llamada a la disciplina. El punto ‘pop’ hace que incluya ilustraciones, ejemplos y que se esfuerce en muchos momentos por convencer (la persuasión de Vaughan es audiovisual) y que introduzca unos poemas en español francamente malos pero eficaces a su manera (leemos a un mal poeta desde el punto literario pero a un hablante no nativo muy capaz). La vocación marcial de Vaughan, combinada con un afán de contabilizar horas dedicadas a vocabulario, horas dedicadas a gramática; sus propias horas dedicadas a preparar material didáctico, ese elogio de la disciplina aflora con mucha frecuencia en forma de llamada a repetir estructuras gramaticales.
Vaughan sostiene que el aprendizaje de un segundo idioma a partir de los 6 años exige una inversión en tiempo, dinero y energía muy importante, en torno a las 3000 horas o los 30.000 euros (en una combinación de tiempo y esfuerzo). En definitiva, como una licenciatura en una universidad privada.
Las enseñanzas básicas de Vaughan se resumen en que es prioritario desarrollar el oído para poder entenderlo todo a la primera, dedicar muchas horas a la gramática básica (memorizar estructuras y repetirlas; que la gramática nos sirva de soporte y no de obstáculo), y hablar en inglés todo lo posible, uno solo, a una amiga imaginaria que vive en nuestro cuarto, a un copiloto invisible que nos acompaña cuando vamos en coche, leer en voz alta todo tipo de textos… y fundamental, perder el miedo al ridículo, ya que el secreto está en practicar sin parar.
Curiosamente Vaughan desaconseja vivamente leer buena literatura o literatura clásica en inglés como forma de mejorar el vocabulario, porque considera que es contraproducente, ya que la mayoría del vocabulario y las estructuras empleadas no tienen nada que ver con el inglés hablado contemporáneo. Aconseja vivamente sin embargo leer best sellers en inglés: libros que “enganchen”, cuya trama se pueda seguir por más que haya palabras que no se entiendan y que emplean los términos y la gramática más frecuentes (he aquí de nuevo el enfoque pop).

Laughlin, que ha elegido un título tomado de los cursos de idiomas (Inmersión total), expone al lector su descubrimiento de una forma de nadar que remeda las características hidrodinámicas de peces y barcos. A grandes rasgos, lo que sostiene Laughlin es que hay que nadar estirados para formar una figura delgada y larga, aprovechar la flotabilidad de la “boya” de los pulmones y estar el máximo tiempo posible sobre los costados ya que deslizan mejor y oponen menor resistencia al agua (“nadar a través de un agujero” es la metáfora que utiliza). Los brazos sólo “agarran” y no tiran, ya que el tirón parte de los músculos más fuertes del cuerpo: glúteos y músculos de las caderas en lugar de estar originado por los “débiles” músculos de los hombros. Las teorías (o el descubrimiento) de Laughlin se parecen mucho a las de la Técnica Alexander, pero en ellas hay un esfuerzo visible por volverse empíricas, explicables, medibles.
Así, también la IT (Inmersión Total; TI en sus siglas inglesas) es consciente de que los malos hábitos son persistentes, pero en lugar de abordarlos indirectamente como en la TA (“hay que dejar de hacer lo incorrecto para que lo correcto suceda”, dice F. M. Alexander respecto a su técnica de inhibición o parada) descompone o deconstruye las técnicas de crol en una serie de ejercicios que están lo bastante alejados de la forma de nadar en sí para no convocar los viejos hábitos de natación (cabeza levantada, piernas tensas que no paran de batir, cuerpo mal alineado y que no flota bien).

Otro elemento esencial de la natación de Laughlin es mantener el juego de los brazos en el cuadrante superior del cuerpo el máximo tiempo posible y ya en un orden de cosas más amplio el trabajo de la percepción sensorial: el monitor de natación sostiene que nadar (bien) tiene más que ver con mantener una buena forma (gracias a la orientación que proporciona un sistema nervioso “bien engrasado”) que con estar en buena forma. En definitiva, el estilo de natación que defiende busca la fluidez y no el esfuerzo.
Y la fluidez con el inglés según Vaughan pasa indefectiblemente por el esfuerzo.

Ficha completa:

Inmersión Total. Un método revolucionario para nadar mejor, más rápido y más fácilmente. Terry Laughlin y John Delves. Traducción Laura López Bonilla. 326 pgs. Paidotribo. 2008, Barcelona.
Si quieres, puedes. Richard Vaughan. 254 pgs. Editorial Libros libres. 2009, Madrid.

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